dinero; el cual dinero, como en la etapa precedente, debe ser mayor en cantidad que aquel con el que comenzó, o su transacción será un fracaso. Este proceso difiere del de la última etapa de intercambio mencionada en que el resultado de la transacción es siempre dinero, y no una verdadera mercancía (es decir, un valor de uso), apareciendo esta última a la larga solo nominalmente en la transacción.
Para mayor claridad, podemos ofrecer ejemplos concretos de las tres formas de intercambio.
En la primera etapa, ilustrada por el hacer del artesano de la época de Homero, que era más o menos el del artesano medieval también, el alfarero de la aldea vendía sus vasijas y, con el dinero que obtenía por ellas —el cual, aparte de posibles tretas, representaba exactamente el valor o trabajo incorporado de las vasijas—, compraba harina, aceite, vino, carne, etc., para su propio sustento, y los consumía.
El mercader de la época clásica tardía enviaba, por ejemplo, telas de púrpura desde Sidón a Alejandría, vendía allí su tela