La última Parte (XIII) trata de la llamada acumulación primitiva, de la que Marx dice:
«Esta acumulación primitiva desempeña en la economía política un papel aproximadamente análogo al del pecado original en la teología. Adán mordió la manzana y con ello el pecado se abatió sobre el género humano. Se supone que su origen se explica cuando se cuenta como una anécdota del pasado. En tiempos muy lejanos había dos clases de personas: una, la élite diligente, inteligente y, sobre todo, frugal; la otra, vagos holgazanes que dilapidaban sus bienes y aun más en una vida disipada. La leyenda del pecado original teológico nos cuenta sin duda cómo el hombre fue condenado a ganar su pan con el sudor de su frente; pero la historia del pecado original económico nos revela que hay personas para quienes esto no es en absoluto indispensable. ¡No importa! Así sucedió que los primeros acumularon riqueza y los segundos no tuvieron al fin nada que vender excepto sus propias pieles. Y de este pecado original data la pobreza de la gran mayoría que, a pesar de todo su trabajo, no tiene hasta el día de hoy nada que vender más que a sí misma, y la riqueza de unos pocos, que aumenta constantemente aunque hace ya mucho tiempo que han dejado de trabajar. ... En la historia real es bien sabido que la conquista, la esclavización, el robo, el asesinato, en breve la fuerza, desempeñan el papel principal. En los tiernos anales de la economía política, lo idílico ha reinado desde tiempos inmemoriales. El derecho y el "trabajo" han sido desde siempre los únicos medios de enriquecimiento, exceptuándose por supuesto el año corriente. De hecho, los métodos de la acumulación primitiva son cualquier cosa menos idílicos.»