Londres y el Sur, donde existía una oposición entre los obreros cualificados y no cualificados, perteneciendo los primeros a los oficios ejercidos mayoritariamente de forma artesanal. En el Norte, la revolución industrial que había dado lugar a la fábrica había borrado en gran medida esta distinción. La insuficiencia de sus objetivos, y de los conocimientos sobre cómo llevarlos a cabo, acabó por dejar al descubierto los puntos débiles del cartismo. Los cartistas ignoraban en su mayoría, y por fuerza, el significado y el alcance del socialismo; y el desarrollo económico no estaba lo suficientemente avanzado como para mostrar la causa real y permanente del malestar industrial. Por consiguiente, con la primera mejoría de dicho malestar, el partido cartista se desmoronó. Pero la causa externa inmediata de su naufragio fue el desafortunado cisma que surgió en el seno de la propia organización entre los partidarios de la fuerza moral y de la fuerza física. Por lo demás, nos parece bastante claro que nosotros teníamos pocas probabilidades de triunfar por vías constitucionales, habida cuenta de la inmensa cantidad de resistencia (no toda constitucional) con la que se recibieron sus demandas. La función histórica del movimiento consistió en expresar el intenso descontento de las clases trabajadoras con el estado de cosas de entonces; y en transmitir la tradición hasta nuestros días.
Puede mencionarse aquí que la carta de triunfo que los cartistas siempre pensaban jugar era la organización de una huelga universal, bajo el pintoresco título del Mes Sagrado.
Al considerar las enormes dificultades, o más bien imposibilidades, de esta empresa, debemos recordar que sus partidarios entendían que los inicios de esta serían reprimidos por la fuerza de inmediato, y que conduciría directamente a una guerra civil.