algo de su carácter oriental. El catolicismo medieval conservó en consecuencia una cierta porción del mundanal apego y de la solidaridad de la sociedad bárbara, y muestra así, por un lado, un interés comunista en la corporación —ya sea iglesia, gremio, parroquia o incluso monasterio— que resulta bastante ajeno al introspectivismo individualista del cristianismo del Imperio en decadencia; este último aparece, por otro lado, de forma esporádica a lo largo de la Edad Media, cobrando fuerza más tarde con los lolardos y culminando por fin en el protestantismo de la Reforma.
Esta interpenetración de barbarie progresiva y civilización romana en decadencia, tan esencial para la vida de la nueva época, comenzó con la primera invasión de Italia por los godos (406) y continuó a través de siglos de confusa guerra y lucha, hasta que el proceso de fusión de los diversos elementos se completó hacia la época de Carlomagno, quien fue coronado en Roma en el año 800.