Los obreros no se muestran remisos a aceptar a los teóricos como líderes; mientras que los teóricos reconocen plena y francamente que es a través del movimiento instintivo de la clase obrera hacia el mejoramiento de la vida, mediante cualesquiera métodos político-económicos, como debe buscarse su ideal de una nueva sociedad. Este periodo de unidad práctica de objetivos entre el teórico y el agitador en pro de mejoras inmediatas debe considerarse fechado a partir del Manifiesto Comunista publicado por Marx y Engels en 1847.
En resumen, si bien es esencial que el ideal de la nueva sociedad se mantenga siempre ante los ojos de la masa de las clases trabajadoras, no sea que se rompa la continuidad de las demandas del pueblo, o que estas sean mal dirigidas; no es menos esencial que los teóricos participen firmemente en toda acción que tienda hacia el socialismo, 279 no sea que sus teorías sanas y veraces queden a la deriva en la estéril orilla del utopismo.
Las exigencias de legislación formuladas actualmente por las clases trabajadoras en general, y adoptadas, hasta donde llegan, por los socialistas, son manifiestamente incompletas y, de ser concedidas, todavía nos dejarían con los males del sistema capitalista apenas tocados. Por ejemplo, la jornada legal de ocho horas, de aprobarse, daría lugar, como se ha señalado más arriba, a una absorción bastante temporal de los desempleados y, además, no aumentaría por sí misma de manera permanente los salarios de los empleados. Para que la condición de los trabajadores no cualificados se eleve a algo parecido a un nivel humano, sería necesario, en nuestra opinión, que, antes que nada, se decretara un salario mínimo legal; y esto también sería ilusorio si no se complementara con la promulgación de un máximo legal para todos los productos de primera necesidad; ya que, de otro modo, los precios subirían en cierta proporción respecto a los salarios más altos impuestos por la nueva legislación.