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cargas que afrontar es el hecho de que las nuevas inversiones, y aquellas empresas que han ido a la bancarrota o a manos de síndicos, entran en competencia con las antiguas.
Estas empresas nuevas o rejuvenecidas no están comprometidas con una escala de cargas fijas arrastradas desde un nivel de interés más alto; y, por tanto, estas solo soportan aquellos cargos por intereses que la capitalización efectiva actual de su propiedad justifique, ya se entienda por capitalización efectiva el costo de producción del equipo, la capacidad de ganancia de la empresa o la cotización en el mercado de sus títulos.
Se supone que estos competidores libres de cargas obtienen beneficios razonables a los precios actuales, y su presencia en el mercado competitivo impide, por lo tanto, un avance de los precios hacia una escala tal que proporcione un beneficio razonable a los demás establecimientos tras pagar sus cargas por intereses sobre lo que es, en efecto, una propiedad sobrecapitalizada.
Esta explicación provisional de la depresión solo es válida en la medida en que el período de depresión sea una época de tipos de interés relativamente bajos. Pero la depresión no coincide uniformemente con tipos de interés bajos; además, hay otros hechos en el caso que limitan la aplicabilidad de la explicación formulada anteriormente.
Para explicar una depresión prolongada, por ejemplo, este argumento solo resultaría convincente bajo el supuesto de un tipo de interés en descenso progresivo, — una condición lid be M ogres- I n not H