El factor más grande y más prometedor de la disciplina cultural —más prometedor como correctivo de los caprichos iconoclastas— sobre el cual rigen los principios de los negocios es la política nacional.
Ya se ha hablado antes de los propósitos y de los efectos materiales de la política de negocios, pero en la presente conexión sus efectos disciplinarios incidentales no son menos importantes. Los intereses comerciales exigen una política nacional agresiva y los hombres de negocios la dirigen. Dicha política es tanto belicosa como patriótica.
El valor cultural directo de una política comercial belicosa es inequívoco. Fomenta un ánimo conservador por parte de la población. En tiempo de guerra, y dentro de la organización militar en todo momento, bajo la ley marcial, los derechos civiles quedan en suspenso; y a mayor guerra y armamento, mayor suspensión.
El entrenamiento militar es un entrenamiento en la precedencia ceremonial, el mando arbitrario y la obediencia indiscutida. Una organización militar es esencialmente una organización servil. La insubordinación es el pecado mortal. Cuanto más coherente y más exhaustivo sea este entrenamiento militar, más eficazmente los miembros de la com-
munity be trained into habits of subordination and away from that growing propensity to make light of personal authority that is the chief infirmity^f demoCTacy, This applies first and most decidedly, of course, to the soldiery, but it applies only in a less degree to the rest of the population. They learn to think in warlike terms of rank, authority, and subordination, and so grow progressively more patient of encroachments upon their civil rights. Witness the change that has latterly been going on in the temper of the German people.'
Las políticas guerreras modernas se emprenden en aras de la paz, con miras a la prosecución ordenada de los negocios. En su motivo inicial