# ADDICKS LLEGA A BOSTON
J. Edward O'Sullivan Addicks nació en Filadelfia en 1841, y en la década de los ochenta transitaba con pesadez el sendero ordinario y sin acontecimientos de un vendedor de harina a la gente de esa ciudad que, desde la muerte de William Penn, ostenta el récord del porcentaje más alto y denso de sueño per cápita de cualquier comunidad de habla inglesa.
En los años ochenta sucedieron dos cosas que cambiaron por completo el rumbo de la vida de J. Edward O'Sullivan Addicks. Alguien inventó el gas de agua e "introdujo" a Addicks en el invento; y la rama de Filadelfia de la "Standard Oil", representada por Widener, Elkins y Dolan, "confesionalizó en trust" [trustified] las compañías de gas de la ciudad de Chicago, lo que permitió a Addicks "chantajear" la "confesionalización en trust" hasta que Dolan y los asociados de Dolan le pagaron la suma de 300.000 dólares por el instrumento con el que había llevado a cabo el chantaje, y 10.000 dólares en acciones de una de las compañías de Chicago necesarias.
La ley de la compensación, que hace su labor mortífera en todos los planes más hermosos del hombre, decretó simplemente que lo que sube tiene que bajar cuando deja de subir. Tiene la astuta maña de injertar pesares en nuestras alegrías y de obstaculizar el éxito con condiciones incómodas. El favorito de la fortuna cuyos pies han caído en lugares placenteros tarde o temprano tropieza.