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nydus/Frenzied Finance, Volume I: The Crime of AmalgamatedPublic
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Capítulo XX: Un inoportuno ataque de apendicitis

Aquella cena fue digna de ser recordada. Nadie en Nueva Inglaterra entiende de manera más admirable el arte de comer que Parker Chandler, y nos ofreció un banquete digno de celebrar la brillante y nueva combinación que iba a terminar con todos nuestros problemas y sacarnos de las tinieblas a la luz.

Mientras se servía el queso, me sobrevino de repente un dolor terrible, seguido de convulsiones. Me llevaron a un dormitorio; abogados y capitalistas salieron corriendo en busca de médicos, y en la confusión los documentos, que estaban listos a la espera de ser firmados, se hicieron a un lado. Era obvio que en ese momento yo no podía darles el visto bueno.

Por fin llegaron especialistas de Boston y se diagnosticó que padecía un ataque agudo de apendicitis. A las dos de la mañana, tras una prolongada consulta, el dictamen general fue que mi próximo campo de operaciones estaría en otro mundo.

Debe de haber sido un poco más tarde cuando yo, al despertar en un breve intervalo de conciencia, fui testigo de un cuadro cuya memoria acude indefectiblemente a los ojos de mi mente cada vez que intento mitigar o sofocar mis sentimientos de odio y repugnancia hacia Addicks. * La habitación estaba penumbrosamente iluminada; los dos médicos se hallaban a los pies de la cama; Addicks, de pie junto a ellos, me miraba fijamente. * Capté su mirada; obnubilado como estaba por los opiáceos, vi la expresión fría y calculadora de su rostro, la cual me indicó con tanta claridad como las palabras que sentía que todo había acabado para mí, que mi utilidad para él había llegado a su fin y que, sin un pensamiento para mis intereses ni un ápice de remordimiento, estaba calculando cómo sacar partido de

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