# LAS SECUELAS
Eran poco más de las doce de la noche del 4 de mayo. El último periodista se había marchado, mis amigos ya se habían retirado y yo estaba solo por primera vez desde que había llegado la noticia del City Bank.
En ese momento no me había detenido a analizar su carácter, pues solo había habido tiempo para anunciarla. Ahora, sin embargo, me senté a mi escritorio y, con un lápiz y un trozo de papel, comencé a calcular lo que significaban los «412 millones».
A medida que echaba números, un sudor frío comenzó a brotar en mi frente, y cuanto más calculaba, más frío era el sudor, hasta que por fin, en una agonía de perplejidad, volví a llamar al señor Rogers. Mi agitación debió de haberme delatado en la voz, aunque intenté adoptar un tono de consulta tranquila.
—Mister Rogers —le dije—, he estado intentando en vano averiguar el significado de las cifras de suscripción que me dio y no les encuentro ni pies ni cabeza. Dijo «de 400 a 425 millones»; por supuesto, eso significa que ha incluido nuestra suscripción ficticia, pero ¿cuál fue la suscripción real? Es absolutamente fundamental que lo sepa esta noche, pues por la mañana me asediarán a preguntas, y mi ignorancia puede meter a todos en un buen lío.
—Lawson —respondió—, no debes hablar de esas cosas por teléfono; no sabes quién puede estar escuchando. No debes hacerlo.
—No lo puedo evitar —repliqué con determinación—. Necesito imperativamente las cifras reales, ya que incluso usted y el señor Stillman