Le tocó el turno entonces a John Moore, quien me expuso las ventajas de un proyecto industrial que estaba promoviendo en aquel momento, y al concluir dijo amablemente:
—Lawson, debemos hacer algo que demuestre el fruto de nuestra larga charla, así que te anotaré con una suscripción de 50.000 dólares. Y lo hizo.
Si John Moore hubiera visto los «Cobre» tal como intenté mostrárselos aquella mañana lluviosa, no habría ganado para sí menos de tres a cinco millones, pues en la operación que dependía de su decisión yo había previsto comprar acciones que poco después duplicaron y triplicaron su valor. Las Calumet & Hecla cotizaban entonces a 256, y más tarde llegaron hasta 900, mientras que las Boston & Montana, entonces a 50, ascendieron a 520. Por otra parte, las acciones de las cuales me había vendido 50.000 dólares en títulos devolvieron al cabo del año una mera fracción de esa cantidad, y fueron uno de los peores