síndico, todo el asunto acabaría ventilándose en los tribunales. Al señor Rogers siempre le cuesta renunciar a una ventaja, pero para entonces ya estaba harto de la disputa y quería la paz; y, por añadidura, no le hacía gracia la perspectiva de un proceso judicial, de modo que admitió que mi razonamiento era acertado y prometió hacer todo lo que estuviera en su mano para ayudarnos.
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CAPÍTULO XXII. DESPOJADOS DEL DESPOJO
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