estoy arruinado!» y cayó desmayado al suelo. Y cierto empleado de banco, a quien sabía un cobarde rematado cuando lo arrestaron por robar un millón, le sonrió al policía que le había tocado el hombro y le pidió fuego para un cigarrillo. Addicks no se había inmutado al colgar el auricular del teléfono, y allí estaba, acobardado en un pánico mortal, abyectamente sin esperanza.
—Lawson, se acabó el juego —dijo con voz temblorosa—. Era Fred.
Dice que Dwight Braman se ha hecho nombrar administrador judicial de Bay State; que asaltó la oficina de Wilmington inmediatamente después de su nombramiento, forzó los escritorios y se llevó todos los papeles que pudo encontrar, y que en una hora más o menos estará en Philadelphia y en posesión de todos mis libros y documentos. Tiene una orden judicial para las cuentas bancarias y el derecho de hacerse cargo de nuestros fondos.
—Esto es desconcertante —dije—; ¿qué vamos a hacer?
"La trampa es perfecta, y estoy en ella. Me han atrapado con la guardia totalmente baja. Antes, cuando intentaron conseguir una administración judicial, las cosas estaban listas para ellos: libros y papeles embalados con destino a Europa y efectivo al cuidado de un funcionario inconmovible dispuesto a partir hacia Canadá a la primera palabra. Pero ahora, a pocos días de las elecciones, cuando —si no inyecto una gran cantidad de dinero en Delaware para mis seguidores— se me echarán encima como lobos, me han cogido desprevenido. Es un complot, sin duda; un administrador judicial en posesión, sobre todo Braman, y designado de una manera que muestra un cálculo deliberado, demuestra que fue obra de alguien que conoce nuestra situación a la perfección.