En multitudinarias formas estuvo ante el pueblo.
Con susurros llenos de asombro, los hombres hablaban de sus misteriosas acciones y discutían sus extraordinarios poderes como si la «Standard Oil» fuera una entidad viva y respirante en lugar de una mera institución comercial creada por hombres y existente solo en virtud de las leyes del país.
Por la época en que el mundo empezaba a vislumbrar confusamente las tremendas fuerzas que irradiaba la «Standard Oil», se produjo un colapso financiero, y la gente vio cómo sus ahorros, invertidos en lo que suponían que eran títulos legales y absolutos de propiedad sobre los bienes materiales de su país, disminuían repentinamente de valor y se contraían a precios que representaban para ellos una pérdida de miles de millones de dólares. En medio de la miseria y el sufrimiento que ocasionó este terrible colapso, la «Standard Oil» permaneció imperturbable como antes y, entre toda la confusión, siguió implacable su camino de «hacer» dólares. De hecho, parecía ganar volumen a medida que otras instituciones disminuían o desaparecían. Fue entonces cuando la gente comenzó a exigir por primera vez lo que todavía hoy exige con fiereza: «¿Qué es esta "Standard Oil"?», «¿Cuál es su secreto?», «¿De dónde vino?» y «¿Puede nuestra república perdurar si ella también perdura?».
Hoy en día la "Standard Oil", el "Asunto Privado", es el mayor poder en el país —más poderosa que el pueblo individualmente o en su conjunto—, y su secreto es el conocimiento del truco de las finanzas mediante el cual los dólares son "fabricados" de la nada en cantidades ilimitadas sin estar sujetos a ninguna ley del hombre ni de la naturaleza.
Los dólares que la "Standard Oil" fabrica tienen el mismo valor que los dólares del pueblo tal como los fabrica el Gobierno, dólares que sabemos que pueden ser acuñados y puestos en circulación únicamente de acuerdo con la ley y para el beneficio de todo el pueblo.