# EL VUELO EN CÍRCULOS DE LOS BUITRES
No creo que haya habido antes ni después una operación financiera en la que tantas cosas, cada una de ellas de vital importancia, tuvieran que hacerse al mismo tiempo.
Antes de tomar el tren a Boston, justo después de que se hubiera firmado el último documento, Braman, Foster y yo habíamos llegado a un acuerdo absoluto respecto a la manera en que debían llevarse a cabo los procedimientos judiciales a la mañana siguiente.
Se entendía que nadie debía fiarse de la palabra de otro para nada y que, en consecuencia, no debía entregarse dinero alguno hasta el cumplimiento específico de todas las condiciones requeridas.
Inmediatamente después de la cancelación de la administración judicial, a Foster y a Braman se les pagaría su «honorario», y pidieron que los 175.000 dólares en efectivo que les correspondían se dispusieran en montones separados de billetes. Los dos paquetes que contenían el de Foster y parte del de Buchanan, así como los 50.000 dólares de Braman, debían quedar bajo la custodia conjunta del representante de John Moore y de mi socio, a quienes, junto con el abogado de Rogers y Addicks, se les había asignado la representación de Bay State en el tribunal.
Lo que sucediera después de la transferencia de estas diversas sumas estaba fuera de mi jurisdicción. Addicks no me confió su propio plan de venganza, pero de los propósitos de Braman y Foster tenía una idea clara.