Asentí.
“Y desde entonces la persigue el recuerdo de lo que hizo. No puedo evitar sentir lástima por ella”.
No creo que Caroline sintiera jamás lástima por la señora Ferrars mientras esta vivía. Ahora que se ha ido a donde (presumiblemente) ya no se pueden llevar vestidos de París, Caroline está dispuesta a entregarse a las más tiernas emociones de compasión y comprensión.
Le dije con firmeza que toda su idea era una tontería. Fui tanto más firme cuanto que en secreto estaba de acuerdo con una parte, al menos, de lo que había dicho.
Pero está muy mal que Caroline llegue a la verdad simplemente mediante una especie de ocurrencia inspirada. No iba a fomentar ese tipo de cosas.
Iba a ir por el pueblo ventilando sus opiniones, y todos pensarían que lo hacía basándose en datos médicos proporcionados por mí.
La vida es muy difícil.
—Tonterías —dijo Caroline, en respuesta a mis críticas—. Ya verás. Diez contra uno a que ha dejado una carta confesándolo todo.
—No dejó ningún tipo de carta —dije de golpe, sin ver adónde iba a conducirme aquella confesión.
—¡Oh! —dijo Caroline—. Así que investigaste sobre eso, ¿eh? Creo, James, que en el fondo de tu corazón piensas muy parecido a mí. Eres un viejo farsante adorado.