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nydus/The Murder of Roger AckroydPublic
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XIV. La señora Ackroyd

Pero su tarea terminaba ahí. A Poirot solo le pertenece la gloria de encajar esas piezas en su lugar correspondiente.

Algunos de los incidentes parecían en su momento irrelevantes y carentes de sentido. Estaba, por ejemplo, el asunto de las botas negras. Pero eso viene después.

… Para tomar las cosas estrictamente en orden cronológico, debo empezar con la citación de la señora Ackroyd.

Me mandó a llamar temprano el martes por la mañana, y como la citación sonaba urgente, me apresuré a ir, esperando encontrarla in extremis.

La dama estaba en cama. Tanto concedía a la etiqueta de la situación. Me dio su mano nudosa e indicó una silla arrimada a la cabecera.

—Bueno, señora Ackroyd —dije—, ¿y qué le pasa a usted?

Hablé con esa especie de cordialidad postiza que parece esperarse de los médicos de cabecera.

—Estoy postrada —dijo la señora Ackroyd con voz débil—. Absolutamente postrada. Es el impacto de la muerte del pobre Roger. Dicen que estas cosas a menudo no se sienten en el momento, ya sabe. Es la reacción posterior.

Es una lástima que su profesión le impida a un médico poder decir a veces lo que realmente piensa. Habría dado cualquier cosa por poder responder: «¡Pamplinas!».

En su lugar, sugerí un tónico. La señora Ackroyd aceptó el tónico. Una jugada de la partida parecía haber concluido por el momento. Ni por un segundo imaginé que me habían mandado llamar debido al impacto provocado por la muerte de Ackroyd. Pero la señora Ackroyd es

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