¿por qué en Cranchester?».
Lo iluminé con un toque de malicia.
—Uno de los muchos detectives privados de nuestra plantilla tuvo la casualidad de verlo ayer en un coche por la carretera de Cranchester —le expliqué.
El desconcierto de Poirot se desvaneció. Rio de buena gana.
«¡Ah, eso! Una simple visita al dentista, c’est tout. Me duele una muela. Voy allí. La muela, enseguida se pone mejor. Pienso volver pronto. El dentista, dice que no. Mejor sacarla. Discuto. Insiste. ¡Se sale con la suya! Esa muela en particular, no volverá a doler jamás».
Caroline se desinfló más bien como un globo pinchado.
Empezamos a hablar de Ralph Paton.
—Una naturaleza