Mi principal incógnita era qué podía estar haciendo el tal Charles Kent en Fernly. Una y otra vez me hice la misma pregunta sin obtener una respuesta satisfactoria. Por fin me atreví a plantearle una duda provisional a Poirot. Su respuesta fue inmediata.
“Mon ami, no pienso; sé.”
—¿De verdad? —dije incrédulo.
—Sí, en efecto. Supongo que ahora a usted no le parecería lógico si le dijera que fue a Fernly esa noche porque nació en Kent.
Lo miré fijamente. —Desde luego, a mí no me parece que tenga ningún sentido —dije con sequedad.
—¡Ah! —dijo Poirot con compasión—. Bueno, no importa. Todavía tengo mi pequeña idea.