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nydus/On LibertyPublic
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III. De la individualidad, como uno de los elementos del bienestar

la imitación. Aquel que elige su plan por sí mismo, emplea todas sus facultades. Debe usar la observación para ver, el raciocinio y el juicio para prever, la actividad para reunir materiales para la decisión, el discernimiento para decidir, y cuando ha decidido, firmeza y autocontrol para mantenerse en su deliberada decisión. Y estas cualidades las requiere y las ejerce exactamente en proporción a cuán grande sea la parte de su conducta que determina según su propio juicio y sus propios sentimientos.

Es posible que sea guiado por algún buen camino, y mantenido a salvo del daño, sin ninguna de estas cosas.

Pero ¿cuál será su valía comparativa como ser humano? En realidad, importa no solo lo que los hombres hacen, sino también qué clase de hombres son los que lo hacen.

Entre las obras del hombre, en cuya perfección y embellecimiento se emplea con razón la vida humana, la primera en importancia es sin duda el hombre mismo.

Suponiendo que fuera posible construir casas, cultivar grano, librar batallas, juzgar causas e incluso erigir iglesias y rezar oraciones mediante maquinaria⁠—mediante autómatas con forma humana⁠—, constituiría una pérdida considerable cambiar por estos autómatas ni siquiera a los hombres y mujeres que en la actualidad habitan las partes más civilizadas del mundo, y que sin duda no son más que especímenes famélicos de lo que la naturaleza puede y ha de producir. La naturaleza humana no es una máquina que quepa construir según un modelo y poner a hacer exactamente el trabajo que se le prescribe, sino un árbol, que requiere crecer y desarrollarse por todas partes, según la tendencia de las fuerzas interiores que hacen de él un ser vivo.

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