y cosas por el estilo, no tiene la crueldad de los antiguos persecutores, el estado mental que denota es fundamentalmente el mismo. Es la determinación de no tolerar que otros hagan lo que su religión les permite, porque no está permitido por la religión del persecutor. Es la creencia de que Dios no solo aborrece el acto del incrédulo, sino que no nos tendrá por inocentes si lo dejamos
No puedo dejar de añadir a estos ejemplos del poco valor que comúnmente se concede a la libertad humana, el lenguaje de persecución abierta que estalla en la prensa de este país cada vez que se siente llamada a señalar el notable fenómeno del mormonismo. Mucho se podría decir sobre el hecho inesperado e instructivo de que una supuesta nueva revelación, y una religión fundada en ella, producto de una palpable impostura, no respaldada siquiera por el prestigio de cualidades extraordinarias en su fundador, sea creída por cientos de miles de personas, y haya servido de fundamento para una sociedad, en la era de los periódicos, los ferrocarriles y el telégrafo eléctrico. Lo que aquí nos concierne es que esta religión, al igual que otras mejores religiones, tiene sus mártires; que su profeta y fundador fue condenado a muerte por una turba debido a sus enseñanzas; que otros de sus adherentes perdieron la vida a manos de la misma violencia anárquica; que fueron expulsados por la fuerza, en masa, del país en el que primero crecieron; mientras que ahora, tras haber sido perseguidos hasta un solitario rincón en medio de un desierto, muchos en este país declaran abiertamente que sería correcto (solo que no es conveniente) enviar una expedición contra ellos y obligarles por la fuerza a conformarse a las opiniones de los demás. El artículo de la doctrina mormona que constituye el principal acicate de la antipatía que de este modo rompe los frenos ordinarios de la tolerancia religiosa es su sanción de la poligamia; la cual, aunque permitida a mahometanos, hindúes y chinos, parece suscitar una inagotable animosidad cuando es practicada por personas que hablan inglés y profesan ser una especie de cristianos. Nadie desaprueba más profundamente que yo esta institución mormona; tanto por otras