Ninguna burocracia puede esperar hacer que un pueblo así haga o soporte algo que no le agrada. Pero donde todo se hace a través de la burocracia, nada a lo que esta se oponga realmente puede llegar a hacerse. La constitución de tales países es una organización de la experiencia y la capacidad práctica de la nación, convertida en un cuerpo disciplinado con el fin de gobernar al resto; y cuanto más perfecta es esa organización en sí misma, cuanto más exitosa en atraer hacia sí y educar para sí a las personas de mayor capacidad de todas las clases de la comunidad, más completa es la servidumbre de todos, incluidos los miembros de la burocracia. * Pues los gobernantes son tan esclavos de su organización y disciplina como los gobernados lo son de los gobernantes. * Un mandarín chino es tan instrumento y criatura de un despotismo como el más humilde labrador. * Un jesuita individual es, hasta el grado más extremo de abyección, esclavo de su orden, aunque la orden misma exista para el poder y la importancia colectiva
No ha de olvidarse tampoco que la absorción de toda la capacidad principal del país en el cuerpo gobernante resulta fatal, tarde o temprano, para la actividad mental y el progresismo del cuerpo mismo. Agrupados como están —aplicando un sistema que, como todos los sistemas, procede necesariamente en gran medida mediante reglas fijas—, los funcionarios se hallan bajo la tentación constante de hundirse en una rutina indolente o, si de vez en cuando abandonan esa ronda de noria, de precipitarse en alguna ocurrencia poco meditada que haya cautivado la fantasía de algún miembro principal del cuerpo; y el único freno contra estas tendencias estrechamente aliadas, aunque aparentemente opuestas, el único estímulo capaz de mantener la capacidad del propio cuerpo en un nivel elevado, es la exposición a la atenta crítica de una capacidad equivalente situada fuera de él. Es indispensable, por tanto, que existan