deficiencia, de los impulsos y preferencias personales. Las cosas han cambiado enormemente desde los tiempos en que las pasiones de quienes eran poderosos por su posición o por sus dotes personales se hallaban en un estado de rebelión habitual contra las leyes y ordenanzas, y exigían ser encadenadas rigurosamente para permitir que las personas a su alcance disfrutaran de alguna partícula de seguridad.
En nuestros tiempos, desde la clase más alta de la sociedad hasta la más baja, todos viven como bajo la mirada de una censura hostil y temida. No solo en lo que concierne a los demás, sino en lo que concierne únicamente a sí mismos, el individuo o la familia no se preguntan: ¿qué prefiero? o ¿qué se adaptaría a mi carácter y disposición? o ¿qué permitiría que lo mejor y más elevado que hay en mi interior se desarrolle libremente y le permitiría crecer y prosperar? Se preguntan: ¿qué es adecuado para mi posición? ¿qué es lo que suelen hacer las personas de mi estatus y