muchas de las artes de la vida; se hicieron a sí mismas todo esto, y fueron entonces las naciones más grandes y poderosas del mundo. ¿Qué son ahora? Los súbditos o dependientes de tribus cuyos antepasados vagaban por los bosques cuando los suyos tenían palacios magníficos y templos suntuosos, pero sobre las cuales la Costumbre ejercía un dominio compartido únicamente con la libertad y el progreso. Un pueblo, al parecer, puede ser progresista durante cierto tiempo y luego detenerse: ¿cuándo se detiene? > Cuando deja de poseer
Si un cambio semejante corriera la suerte de las naciones de Europa, no adoptará exactamente la misma forma: el despotismo de la Costumbre con el que estas naciones se ven amenazadas no es precisamente el estancamiento. Proscribe la singularidad, pero no impide el cambio, siempre que todos cambien a la vez. Hemos descartado los trajes fijos de nuestros antepasados; todo el mundo aún debe vestir como los demás, pero la moda puede cambiar una o dos veces al año. Nos ocupamos así de que, cuando haya un cambio, sea por el cambio mismo, y no por ninguna idea de belleza o comodidad; pues la misma idea de belleza o comodidad no se le ocurriría a todo el mundo en el mismo momento, ni sería descartada simultáneamente por todos en otro momento. Pero somos progresistas además de mudables: continuamente hacemos nuevos inventos en las cosas mecánicas, y los conservamos hasta que son reemplazados de nuevo por otros mejores; estamos ávidos de mejoras en la política, en la educación, incluso en la moral, aunque en esto último nuestra idea de mejora consiste principalmente en persuadir u obligar a los demás a ser tan buenos como nosotros.