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nydus/On LibertyPublic
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I. Introductorio

un tema sobre el cual casi todo está por hacer. Todo lo que hace que la existencia sea valiosa para alguien depende de la imposición de restricciones a las acciones de las demás personas. Es necesario, por tanto, imponer ciertas reglas de conducta, en primer lugar por la ley, y mediante la opinión en muchas cosas que no son materias aptas para la actuación de la ley. Cuáles debieran ser estas reglas es la cuestión principal en los asuntos humanos; pero si exceptuamos algunos de los casos más obvios, es una de aquellas en las que se ha hecho menor progreso para su resolución.

No hay dos épocas, y apenas hay dos países, que lo hayan decidido del mismo modo; y la decisión de una época o país es motivo de asombro para otro.

Sin embargo, las gentes de cualquier época y país determinados no sospechan que encierre mayor dificultad que si fuera un asunto sobre el cual el género humano siempre hubiera estado de acuerdo. Las reglas vigentes entre ellos les parecen evidentes por sí mismas y se justifican a sí mismas.

Esta ilusión casi universal es uno de los ejemplos de la influencia mágica de la costumbre que, no solo es, como dice el refrán, una segunda naturaleza, sino que es continuamente confundida con la primera.

El efecto de la costumbre para prevenir cualquier duda respecto a las reglas de conducta que la humanidad se impone mutuamente es tanto más completo cuanto que el tema es uno sobre el cual generalmente no se considera necesario dar razones, ni de una persona a las demás, ni de cada cual para consigo mismo. La gente está acostumbrada a creer, y ha sido alentada en esta creencia por algunos que aspiran al carácter de filósofos, a que sus sentimientos, sobre asuntos de esta naturaleza, son mejores que las razones y hacen que las razones sean innecesarias.

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