el trato con los bárbaros, siempre que el fin sea su mejora y los medios estén justificados por la realización efectiva de ese fin. La libertad, como principio, no tiene aplicación a ningún estado de cosas anterior al momento en que la humanidad se ha vuelto capaz de ser mejorada mediante la discusión libre e igualitaria. Hasta entonces, no les queda otra opción que la obediencia implícita a un Akbar o a un Carlomagno, si tienen la fortuna de encontrar
Pero tan pronto como la humanidad ha alcanzado la capacidad de ser guiada hacia su propia mejora por la convicción o la persuasión (un período alcanzado hace mucho tiempo en todas las naciones que aquí nos importan), la coacción, ya sea en forma directa o en la de dolores y penas por el incumplimiento, ya no es admisible como medio para su propio bien, y solo es justificable para la seguridad de los demás.