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nydus/On LibertyPublic
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II. De la libertad de pensamiento y de discusión

Pero aunque hoy no infligimos tanto mal a los que piensan de distinta manera que nosotros, como antes era nuestra costumbre, puede ser que nos hagamos a nosotros mismos tanto mal como siempre con nuestro trato hacia ellos.

Sócrates fue condenado a muerte, pero la filosofía socrática se alzó como el sol en el cielo y extendió su iluminación por todo el firmamento intelectual.

Los cristianos fueron arrojados a los leones, pero la Iglesia cristiana creció como un árbol majestuoso y frondoso, que superaba en altura a los crecimientos más antiguos y menos vigorosos, ahogándolos con su sombra.

Nuestra intolerancia puramente social no mata a nadie, no extirpa ninguna opinión, sino que induce a los hombres a disimularlas o a abstenerse de cualquier esfuerzo activo para su difusión.

Entre nosotros, las opiniones heréticas no ganan ni pierden terreno de manera perceptible en cada década o generación; nunca resplandecen a lo ancho y a lo largo, sino que continúan ardiendo bajo la ceniza en los estrechos círculos de las personas pensantes y estudiosas en los que se originan, sin llegar jamás a alumbrar los asuntos generales de la humanidad ni con una luz verdadera ni engañosa.

Y así se mantiene un estado de cosas muy satisfactorio para algunas mentes porque, sin el desagradable proceso de multar o encarcelar a nadie, conserva todas las opiniones predominantes exteriormente inmutadas, al tiempo que no prohíbe absolutamente el ejercicio de la razón a los disidentes afligidos por la dolencia del pensamiento.

Un plan conveniente para tener paz en el mundo intelectual y mantener todo lo que en él sucede tal como ya marcha.

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