que todas las que se han planteado han sido o pueden ser respondidas por aquellos que están especialmente preparados
Concediendo a este punto de vista todo lo que puedan reclamar quienes se conforman más fácilmente con el grado de comprensión de la verdad que debe acompañar a su creencia; aun así, el argumento en favor de la libre discusión no se ve debilitado en modo alguno.
Pues incluso esta doctrina reconoce que la humanidad debe tener la seguridad racional de que todas las objeciones han sido respondidas satisfactoriamente; ¿y cómo han de ser respondidas si aquello que requiere respuesta no se enuncia? ¿O cómo puede saberse que la respuesta es satisfactoria si los objetores no tienen la oportunidad de demostrar que no lo es?
Si no el público, al menos los filósofos y teólogos que han de resolver las dificultades, deben familiarizarse con ellas en su forma más desconcertante; y esto no puede lograrse a menos que se expongan libremente y se presenten bajo la luz más ventajosa de que sean susceptibles.