y puede considerarse que no indican tanto el deseo de perseguir, como un ejemplo de esa muy frecuente flaqueza de las mentes inglesas, que les hace hallar un placer absurdo en la afirmación de un principio pernicioso, cuando ya no son lo suficientemente perniciosos como para desear llevarlo realmente a la práctica. Pero, por desgracia, no hay seguridad alguna en el estado de la opinión pública de que vaya a continuar la suspensión de las peores formas de persecución legal, la cual ha durado aproximadamente el espacio de una generación. En esta época, la superficie tranquila de la rutina se ve tan a menudo alterada por intentos de resucitar males pasados como de introducir nuevos beneficios. Lo que en la actualidad se jacta de ser un avivamiento de la religión es siempre, en las mentes estrechas y poco cultas, al menos en la misma medida un avivamiento del fanatismo; y cuando existe una fuerte y permanente levadura de intolerancia en los sentimientos de un pueblo, que en todo momento habita en las clases medias de este país, basta muy poco para incitarlas a perseguir activamente a aquellos a quienes nunca han dejado de considerar objetos idóneos de persecución.
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II. De la libertad de pensamiento y de discusión
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