trata de cuestiones de libertad, y están conectadas con ese tema solo por tendencias remotas; pero son cuestiones de desarrollo. Corresponde a una ocasión distinta de la presente insistir en estas cosas como partes de la educación nacional; como integrantes, en verdad, del entrenamiento peculiar de un ciudadano, la parte práctica de la educación política de un pueblo libre, que los saca del estrecho círculo del egoísmo personal y familiar, y los acostumbra a la comprensión de los intereses comunes, a la gestión de los asuntos comunes, habituándolos a actuar por motivos públicos o semipúblicos, y a guiar su conducta mediante fines que los unen en lugar de aislarlos unos de otros. Sin estos hábitos y facultades, una constitución libre no puede funcionar ni conservarse, como lo ejemplifica la naturaleza con demasiada frecuencia transitoria de la libertad política en países donde esta no descansa sobre una base suficiente de libertades locales. La gestión de los asuntos puramente locales por parte de las localidades, y de las grandes empresas industriales mediante la unión de quienes aportan voluntariamente los medios pecuniarios, se ve además recomendada por todas las ventajas que se han expuesto en este Ensayo como propias de la individualidad de desarrollo y de la diversidad en los modos de acción. Las operaciones del gobierno tienden a ser iguales en todas partes. Con los individuos y las asociaciones voluntarias, por el contrario, existen experimentos variados y una diversidad infinita de experiencias. Lo que el Estado puede hacer útilmente es constituirse en un depósito central, y en un activo circulador y difusor, de la experiencia resultante de múltiples ensayos. Su labor es permitir que cada experimentador se beneficie de las experiencias de los demás, en lugar de no tolerar más experimentos que los suyos propios.
La tercera razón, y la más convincente, para restringir la injerencia del gobierno es el gran mal que supone añadir innecesariamente poder a este.