sostener la verdad. Esto no es conocer la verdad. La verdad, sostenida de este modo, no es más que una superstición añadida, adherida por casualidad a las palabras que enuncian una verdad.
Si el intelecto y el juicio del género humano deben ser cultivados, algo que los protestantes al menos no niegan, ¿sobre qué pueden ejercerse estas facultades de manera más apropiada por cualquier persona, que sobre aquellas cosas que le conciernen tanto que se considera necesario que sostenga opiniones sobre ellas?
Si el cultivo del entendimiento consiste en una cosa más que en otra, es sin duda en aprender los fundamentos de las propias opiniones.
Cualquiera que sea la creencia de la gente sobre temas en los que es de primordial importancia creer acertadamente, deberían ser capaces de defenderla al menos frente a las objeciones comunes.
Pero, dirá alguien, «que se les enseñen los fundamentos de sus opiniones. No se sigue que las opiniones deban ser meramente repetidas como loros por el hecho de que nunca se las oiga controvertidas». Las personas que aprenden geometría no se limitan a aprenderse los teoremas de memoria, sino que entienden y aprenden asimismo las demostraciones; y sería absurdo decir que siguen ignorando los fundamentos de las verdades geométricas porque