superpoblado, o amenazado con estarlo, procrear hijos, más allá de un número muy reducido, con el efecto de reducir la remuneración del trabajo mediante su competencia, es una ofensa grave contra todos los que viven de la remuneración de su trabajo. Las leyes que, en muchos países del continente, prohíben el matrimonio a menos que los contrayentes puedan demostrar que tienen los medios para mantener a una familia no exceden los poderes legítimos del Estado: y, ya sean tales leyes convenientes o no (una cuestión que depende principalmente de las circunstancias y los sentimientos locales), no son objetables por constituir violaciones de la libertad. Tales leyes son interferencias del Estado para prohibir un acto nocivo —un acto perjudicial para los demás, que debería ser objeto de reprobación y estigma social, aun cuando no se considere oportuno añadir un castigo legal—. Sin embargo, las ideas corrientes sobre la libertad, que se pliegan con tanta facilidad ante las infracciones reales de la libertad del individuo en asuntos que conciernen únicamente a este, rechazarían el intento de imponer cualquier restricción a sus inclinaciones cuando la consecuencia de su complacencia
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V. Aplicaciones
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