completamente libre en la que no existen de forma absoluta e incondicional. > La única libertad que merece ese nombre es la de buscar nuestro propio bien a nuestra propia manera, en tanto no intentemos privar a los demás del suyo o impedir sus esfuerzos por obtenerlo. Cada uno es el guardián adecuado de su propia salud, ya sea corporal, o mental y espiritual. La humanidad sale más gananciosa permitiendo que cada cual viva como bien le parezca, que obligando a cada uno a vivir como bien les parece al
Aunque esta doctrina no tiene nada de nueva y, para algunas personas, puede parecer una perogrullada, no hay doctrina que se oponga más directamente a la tendencia general de la opinión y la práctica existentes.
La sociedad ha gastado tanto esfuerzo en el intento (según su leal saber y entender) de obligar a las personas a conformarse a sus nociones de excelencia personal como social.
Las antiguas repúblicas se creían con derecho a practicar, y los antiguos filósofos respaldaban, la regulación de cada parte de la conducta privada por la autoridad pública, basándose en que el Estado tenía un profundo interés en toda la disciplina física y mental de cada uno de sus ciudadanos; una forma de pensar que pudo ser admisible en pequeñas repúblicas rodeadas de poderosos enemigos, en constante peligro de ser subvertidas por un ataque extranjero o una conmoción interna, y para las cuales incluso un breve intervalo de energía relajada y autocontrol podía ser tan fácilmente fatal, que no podían permitirse esperar los efectos permanentes y saludables de la libertad.
En el mundo moderno, la mayor magnitud de las comunidades políticas y, sobre todo, la separación entre la autoridad espiritual y la temporal