La misma vacilación se ha manifestado en la lucha de partidos. Unas veces el campesino medio se adhiere al partido de los obreros, al partido de los bolcheviques comunistas; otras veces se adhiere al partido de los campesinos ricos, el partido de los eseristas (socialistas revolucionarios).
La clase obrera (el proletariado). Esta clase consta de aquellos que «no tienen nada que perder más que sus cadenas». No solo son explotados por los capitalistas; sino que además, como ya hemos aprendido, el propio curso del desarrollo capitalista conduce a su unificación en un poder homogéneo, compuesto por personas acostumbradas a trabajar juntas y a luchar juntas. Por esta razón, la clase obrera es la clase más progresista de la sociedad capitalista. Por esta misma razón, asimismo, el partido de la clase obrera es el partido más progresista, el más revolucionario que pueda existir jamás.
Es natural, además, que el objetivo de este partido sea el de desencadenar la revolución comunista. Con este fin, el partido proletario debe ser absolutamente intransigente.
Su función no es regatear con la burguesía, sino derrocar a la burguesía del poder y aplastar la resistencia de los capitalistas.
Este partido debe «revelar el conflicto absoluto de intereses entre explotadores y explotados» (las palabras fueron usadas en nuestro viejo programa, que fue firmado por los mencheviques; pero, ¡ay!, los mencheviques las han olvidado por completo y ahora van de la mano con la burguesía).