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46. El Poder soviético como forma de dictadura del proletariado

Incumbe a nuestro partido hacer realidad esta igualdad en la vida efectiva. Antes que nada, debemos dejar claro a las amplias masas de trabajadores que la subyugación de las mujeres les es sumamente perjudicial. Hasta ahora, entre los obreros ha sido costumbre considerar a las mujeres como inferiores; en cuanto a los campesinos, sonríen cuando una «mera mujer» empieza a interesarse por los asuntos sociales. En la República Soviética, la trabajadora tiene exactamente los mismos derechos que el trabajador; puede ser electora y elegible para los sóviets; puede ocupar cualquier cargo de comisario; puede realizar cualquier tipo de trabajo en el ejército, en la vida económica y en la administración del Estado.

Pero en Rusia, las mujeres trabajadoras están mucho más atrasadas que los hombres trabajadores. Mucha gente las menosprecia.

En este asunto se necesitan esfuerzos perseverantes: * entre los hombres, para que dejen de bloquear el camino de las mujeres; * entre las mujeres, para que aprendan a hacer pleno uso de sus derechos, para que dejen de ser tímidas o inseguras.

No debemos olvidar que «a todo cocinero hay que enseñarle a participar en la administración del Estado».

Hemos aprendido más arriba que lo realmente importante no es el derecho escrito en el papel, sino la posibilidad de realizar un derecho en la práctica. ¿Cómo puede una mujer trabajadora hacer efectivos sus derechos cuando tiene que dedicar tanto tiempo a las tareas del hogar, tiene que ir al mercado y esperar su turno allí, tiene que hacer la colada familiar, tiene que cuidar de sus hijos, tiene que soportar la pesada carga de todo ese trabajo doméstico rutinario?

El objetivo de la República Soviética y de nuestro partido debe ser el de redimir a la mujer trabajadora de dicha esclavitud, liberar a la mujer

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