mismos han comenzado a llevar las cadenas. Ante nuestros propios ojos, después de la revolución de noviembre, los burgueses liberales y los miembros de las profesiones liberales abarrotaron las iglesias y rezaron fervorosamente a aquello que en días más felices habían mirado con desprecio. Tal es el destino de todas las clases moribundas, cuyo último recurso es buscar «consuelo» en la religión.
Entre las burguesías de Europa central y occidental, que todavía tienen las riendas del poder, se observa un movimiento similar a favor de la religión.
Pero si la clase burguesa empieza a creer en Dios y en la vida celestial, ¡esto simplemente significa que se ha dado cuenta de que su vida aquí abajo toca a su fin!
La separación de la escuela de la iglesia despertó y sigue despertando la protesta de los elementos atrasados entre los obreros y los campesinos. Mucha gente de la vieja generación persiste en exigir que la religión se siga enseñando en las escuelas como asignatura optativa. El Partido Comunista combate resueltamente todos los intentos de retroceder de este modo. La enseñanza del oscurantismo eclesiástico en las escuelas, aun cuando dicha instrucción fuese meramente optativa, equivaldría a prestar ayuda estatal para el mantenimiento de los prejuicios religiosos. En tal caso, se le proporcionaría a la iglesia un público ya formado de niños, de niños que se reúnen en la escuela con fines que son exactamente opuestos a los contemplados por la religión. La iglesia tendría a su disposición aulas pertenecientes al Estado y, por lo tanto, se le permitiría difundir el veneno religioso entre nuestros jóvenes