todas nuestras energías en el mantenimiento de estas, antes que preocuparnos infructuosamente recurriendo a empresas ineficaces y mal equipadas. En este asunto, asimismo, tenemos por supuesto que contar con la escasez general de combustible y materias primas. Debido a la escasez, a menudo nos hemos visto obligados a cerrar algunas de las mayores fábricas (en la industria textil, por ejemplo). Incluso hoy debemos a estas causas la aún persistente desorganización parcial de la producción. El problema principal aquí, sin embargo, no es la falta de organización propiamente dicha, sino la falta de los elementos materiales indispensables para la producción.
Sin embargo, la centralización de la producción avanza con pasos irresistibles.
La Gomza, por ejemplo, ha cerrado un número considerable de empresas de segunda categoría y ha concentrado la producción en dieciséis de las fábricas mejor equipadas.
La industria electrotécnica, que estaba bastante desintegrada bajo el capitalismo, ha sido unificada ahora.
Lo mismo ha sucedido en varias otras ramas de la producción (tabaco, productos farináceos, azúcar, textiles, etc.).
El aprovechamiento sabio y austero de las existencias actuales de materiales y energía es una cuestión de inmensa importancia. Al principio, como hemos visto, no había inventarios. Varios almacenes fueron destruidos y los suministros que contenían fueron saqueados, o desaparecieron sin que nadie supiera hacia dónde, antes de que hubiese existido debate alguno sobre la correcta utilización de dichos recursos. Pero en este ámbito, asimismo, se fue introduciendo el orden de manera gradual, aunque con gran dificultad. En el caso de muchos artículos,