romanos. Pero durante el tiempo de guerra civil las leyes no callan en lo que concierne a los trabajadores. Los tribunales populares continúan haciendo su trabajo, pero todavía resulta imposible para toda la población comprender la naturaleza de los nuevos tribunales de justicia y apreciar debidamente sus
Durante esta época en que la vieja sociedad está siendo destruida y la nueva sociedad está siendo edificada, los tribunales populares tienen una tarea gigantesca que realizar. El proceso de cambio ha sido tan rápido que la legislación soviética no ha podido seguirle el ritmo. Las leyes del sistema burgués-terrateniente han sido anuladas; pero las leyes del Estado proletario apenas han sido esbozadas y jamás serán plasmadas en papel en su totalidad. Los trabajadores no pretenden perpetuar su dominio, y por lo tanto no tienen necesidad de infinidad de tomos de leyes escritas. Cuando han expresado su voluntad en uno de los decretos fundamentales, pueden dejar la interpretación y aplicación de dichos decretos, en lo que respecta a los detalles prácticos, a los tribunales populares en los cuales los jueces son elegidos por los trabajadores. Lo único importante es que las decisiones de estos tribunales den testimonio de la ruptura completa con las costumbres y la ideología del sistema burgués; que los jueces populares decidan los casos que se presentan ante ellos de acuerdo con los dictados de la ideología proletaria, y no de acuerdo con los de la ideología burguesa. Al lidiar con la serie interminable de disputas que surgen durante la desintegración de las viejas relaciones y durante la realización de los derechos del proletariado, los jueces populares pueden llevar a buen término la transformación que comenzó con la revolución de noviembre del año 1917, y que debe involucrar inevitablemente todas las relaciones mutuas de los ciudadanos de la República Soviética.