- Hay que emprender activamente la tarea de organizar y ampliar la inspección del trabajo. Nuevas fuerzas extraídas de entre los trabajadores mismos deben afluir continuamente a esta rama de actividad. Nadie puede conocer mejor que los propios trabajadores, que conocen por la práctica las condiciones de trabajo, en qué son defectuosas estas condiciones, y nadie es más competente que ellos para recomendar mejoras prácticas.
- La inspección del trabajo debe hacerse extensiva a las esferas de la pequeña producción y del trabajo a domicilio. En estas cuestiones, estas ramas de la industria siempre han sido ignoradas, a pesar de que es precisamente aquí donde reinan las condiciones de trabajo más abominables. La inspección por parte de los trabajadores debería ser de gran ayuda en estos ámbitos.
- La protección del trabajo debe hacerse extensiva a todas las ramas laborales, incluidos la construcción, el transporte terrestre y fluvial, el servicio doméstico y la agricultura. Estas ramas de trabajo, en las que los trabajadores se encuentran disgregados por las propias condiciones de su labor, y en las que la organización sindical de los trabajadores resulta por ello muy difícil, deben quedar integradas en el sistema general.
- El trabajo industrial y agrícola debe prohibirse absolutamente durante la infancia, y debe haber una reducción adicional de la jornada laboral en el caso de los jóvenes.