¿Cuál debe ser, sin embargo, la actitud de nuestro partido hacia la pequeña burguesía, hacia los estratos más pobres no proletarios de nuestras grandes ciudades y hacia el campesinado medio?
Esto queda claro por lo que se ha dicho más arriba. Jamás debemos cansarnos de aportar pruebas y explicaciones para convencerles de que sus esperanzas de una vida mejor bajo el capitalismo son fruto del engaño ajeno o se deben a su propio autoengaño.
Debemos demostrar paciente y claramente al campesinado medio que debe ingresar sin vacilar en el campo proletario y, a pesar de todas las dificultades, luchar codo a codo con los trabajadores; es nuestro deber mostrarle que los únicos campesinos que saldrán ganando con la victoria de la burguesía serán los campesinos ricos, que en tal caso se transformarán en una nueva clase de terratenientes.
En una palabra, debemos lograr que todos los que trabajan hagan causa común con el proletariado; debemos permitir que todos los que trabajan vean las cosas desde el punto de vista de la clase trabajadora.
Aquellos que pertenecen a la pequeña burguesía y al estrato de los campesinos medios están llenos de prejuicios derivados de las condiciones de su vida. Es nuestro deber revelar el verdadero estado de cosas. Debemos demostrar que la situación del artesano y del campesino trabajador bajo el capitalismo es totalmente desesperada, y que harían bien en dejar de intentar entretenerse con cuadros de fantasía. Debemos decirle al campesino medio que, mientras dure el capitalismo, siempre habrá un terrateniente cabalgando sobre sus espaldas: ya sea uno de la nobleza, el terrateniente del viejo tipo; o bien un campesino rico, el terrateniente del nuevo tipo.