Suponiendo una eficacia media de fabricación (es decir, cuando la maquinaria y las herramientas empleadas no son ni las mejores ni las peores), la cantidad de trabajo social necesario para la producción de una mercancía se denomina valor de dicha mercancía. Vemos que el precio depende del valor. En realidad, el precio es a veces superior al valor y a veces inferior, pero por mor de la simplicidad podemos suponer aquí que ambos son una misma cosa.
Debemos recordar ahora lo que dijimos acerca de la contratación de trabajadores asalariados.
La contratación de un trabajador es la venta de una mercancía peculiar, cuyo nombre es “fuerza de trabajo”. Tan pronto como la fuerza de trabajo se ha convertido en mercancía, lo que se aplica a las demás mercancías se aplica también a la fuerza de trabajo.
Cuando el capitalista contrata al trabajador, el primero le paga al segundo el precio de su fuerza de trabajo (o, para hablar con sencillez, el valor de su fuerza de trabajo). ¿Por qué está determinado este valor?
Hemos visto que el valor de todas las mercancías está determinado por la cantidad de trabajo invertida en producirlas. Lo mismo se aplica a la fuerza de trabajo.
¿Qué queremos decir, sin embargo, con la producción de la fuerza de trabajo? La fuerza de trabajo no se produce ciertamente en una fábrica, como el paño, la grasa para calzado o la maquinaria. ¿Cómo debemos explicarla entonces? No tenemos más que mirar la vida contemporánea bajo el capitalismo para comprender de qué se trata. Supongamos que los obreros acaban de terminar su jornada de trabajo. Están agotados, toda su energía vital se ha consumido, ya no pueden trabajar más. Su fuerza de trabajo está prácticamente extenuada.