Es verdad que hay menos competidores. Pero cada uno de ellos se ha vuelto enormemente más fuerte de lo que eran los rivales en una etapa anterior. La lucha entre ellos es mayor, no menor; más violenta, no más apacible. Si en todo el mundo solo gobernaran unos pocos capitalistas, entonces estos gobiernos capitalistas lucharían entre sí. A esto es a lo que se ha llegado al fin y al cabo. En la actualidad, la lucha continúa entre inmensas combinaciones de capitalistas, entre sus respectivos Estados. Además, luchan entre sí, no solo mediante precios de competencia, sino también por medio de la fuerza armada. Por lo tanto, solo respecto al número de competidores puede decirse que la competencia disminuye a medida que el capitalismo se desarrolla; en los demás aspectos, se vuelve continuamente más feroz y destructiva.2
Hay que considerar ahora un fenómeno más: la aparición de lo que se denomina crisis.
¿Qué son estas crisis? ¿Cuál es su verdadera naturaleza?
La cuestión puede plantearse de la siguiente manera. Un buen día resulta que se han producido diversas mercancías en cantidades excesivas. Los precios caen, pero las existencias de bienes no se pueden liquidar. Los almacenes se llenan de toda clase de productos para los que no hay salida; faltan los compradores.
Huelga decir que hay abundancia de trabajadores hambrientos, pero no reciben más que una miseria y no pueden comprar nada que exceda sus adquisiciones habituales.
Luego sobreviene la catástrofe. En alguna rama determinada de la industria, las pequeñas y medianas empresas quiebran primero y son clausuradas; a continuación se produce el colapso de las empresas más grandes.