Esta consigna implica que los trabajadores alemanes deben renunciar por completo a su riqueza nacional, los británicos a la suya, y así sucesivamente. Si el prejuicio nacional y la codicia nacional se oponen a la internacionalización de la industria y de la agricultura, ¡fuera con ellos, dondequiera que se muestren y bajo cualquier bandera que naveguen!
57. Las causas de la enemistad nacional.
Pero no basta con que los comunistas declaren la guerra a la opresión de las nacionalidades y a los prejuicios nacionales, con que defiendan la unidad internacional en la lucha contra el capitalismo, y con que deseen fundar una alianza económica mundial del proletariado victorioso.
Debemos buscar un camino mucho más rápido hacia el derrocamiento de todo chovinismo y egoísmo nacional, de la estupidez y el orgullo nacionales, de la desconfianza mutua entre los trabajadores de las diversas naciones. Este legado de un período brutal de la vida humana y de la brutal disputa nacionalista de las épocas feudal y capitalista, todavía pesa como una pesada carga alrededor del cuello del proletariado mundial.
Las enemistades nacionales son de fecha muy antigua. Hubo un tiempo en que las distintas tribus no se contentaban con luchar entre sí por tierras y bosques, sino que los hombres de una tribu se comían en verdad a los de otra. Remanentes de esta desconfianza brutal y de esta enemistad entre nación y nación, entre raza y raza, continúan existiendo entre los obreros y campesinos de todos los países. Estos vestigios de enemistad intertribal van extinguiéndose gradualmente a medida que se desarrolla el comercio mundial, que se producen contactos económicos, que las migraciones y los mestizajes ponen en estrecha asociación a gentes de diversos linajes en un mismo territorio; pero sobre todo se extinguen debido a la universalidad de la lucha de clases de los trabajadores de todos los países.