Pero la industria de las ciudades tendrá que proporcionar estos productos al campo de manera organizada. Ya no ocurriría, como antaño, que cien mil pequeños comerciantes, intermediarios y especuladores abastecieran las necesidades de los distritos rurales. Estas necesidades se satisfarían desde almacenes estatales. Es evidente que los campesinos también tendrían que entregar a cambio su grano de manera organizada. Gradualmente, las regiones rurales se acostumbrarían a la producción social. Un paso más allá, y la vida rural sería la de una gran familia cooperativa. Un sistema industrial vigoroso y bien organizado conduciría en última instancia a una vida comunitaria también en las aldeas. Con la ayuda de dicho sistema, sería posible acudir en ayuda del campesino, quien se daría cuenta de que la vida según el nuevo plan era mucho mejor.
Pero alcanzar esta meta es difícil. Deben pasar muchos años antes de que se puedan efectuar los cambios necesarios y antes de que la vida pueda marchar sin tropiezos por los nuevos cauces. Las razones por las cuales esto es difícil se explicarán a continuación.
43. El desastroso legado de la guerra imperialista.
Hasta que la revolución mundial sea victoriosa, Rusia debe actuar sola.
Ahora bien, la clase obrera rusa recibió una herencia desastrosa cuando conquistó el poder en el año 1917. El país entero estaba desorganizado y empobrecido.
La guerra había mermado todas las fuerzas del país. Más de la mitad de las fábricas se habían visto obligadas a dedicarse al trabajo de guerra, y habían dilapidado materiales en la labor de destrucción.