El número de comunistas entre los maestros, al igual que entre los especialistas en general, no es más que una minoría insignificante. La mayoría de los docentes se oponen al comunismo. La mayoría de ellos, sin embargo, son personas con una mentalidad de funcionarios, dispuestas a servir a cualquier gobierno y a trabajar según cualquier plan de estudios, pero con una predilección especial por un programa que era familiar para sus padres y abuelos. En lo que respecta a este asunto, por consiguiente, los comunistas tienen una doble tarea. * En primer lugar, deben movilizar a todos los mejores elementos del magisterio y, mediante una actividad intensificada, crear entre ellos núcleos de esfuerzo comunista. * En segundo lugar, el Partido Comunista tiene que crear a partir de la generación más joven una escuela de educadores completamente nueva, compuesta por personas que desde el principio se hayan formado en el espíritu del comunismo y, sobre todo, en el espíritu del programa
86. Los tesoros del arte y de la ciencia puestos a disposición de los trabajadores.
Bajo el capitalismo, el talento es considerado como propiedad privada de su poseedor inmediato y se le mira como un medio de enriquecimiento. En la sociedad capitalista, el producto de la actividad talentosa es una mercancía que puede venderse a un precio u otro y, por tanto, pasa a ser posesión de la persona con la billetera más abultada. Una obra de genio, algo de infinita trascendencia social y cuya naturaleza esencial es la de una creación colectiva, puede ser comprada por un ruso llamado Kolupáyev o por un estadounidense llamado Morgan, y el comprador adquiere entonces el derecho a modificarla o a destruirla según le plazca.