122. El Estado como aparato parasitario.
Ya hemos demostrado anteriormente que el Estado es la organización de la fuerza, que es la expresión del dominio de una clase sobre otra clase o sobre otras clases. La clase burguesa, en el curso del desarrollo capitalista, se convierte en un grado cada vez mayor en una clase de holgazanes, que consumen bienes sin hacer nada para ayudar en la labor de producción. ¿Qué visión debemos tener, entonces, del Estado burgués, que sirve para proteger la comodidad y los ingresos de estos holgazanes frente a las masas explotadas e indignadas? La policía y la gendarmería, el ejército permanente, todo el aparato judicial, la maquinaria entera de la administración: estos comprenden una inmensa masa de individuos de los cuales ni uno solo ha producido jamás un celemín de trigo, una vara de paño, ni tan siquiera un alfiler o una aguja. Toda la organización vive de la plusvalía, que es producida por los obreros y los campesinos. Esta plusvalía es absorbida por el Estado en forma de impuestos directos e indirectos. Por ejemplo, el gobierno zarista extrajo de este modo a los obreros y campesinos más de tres mil millones de rublos. (Traducido a los términos de nuestro actual papel moneda, esto representaría trescientos mil millones, que es tres veces más que todo el dinero en Rusia). Solo una pequeña fracción de los ingresos del Estado se destinaba a la producción, a cosas tales como la construcción de carreteras y