En segundo lugar, porque los trabajadores irlandeses tendrán que aprender por experiencia que les resulta desventajoso formar un pequeño Estado independiente.
Tendrán que aprender por experiencia que la producción en Irlanda no puede organizarse adecuadamente a menos que Irlanda esté en estrecha unión política y económica con la Inglaterra proletaria y otras tierras proletarias.
Finalmente, tomemos el caso de una nación con un gobierno burgués que desea separarse de una nación con un régimen proletario, y supongamos que, en la nación que desea separarse, la mayoría de los trabajadores o una proporción notable de ellos están a favor de la separación.
Podemos suponer que los trabajadores del país que se separa desconfían, no sólo de los capitalistas, sino también de los trabajadores pertenecientes al país cuya burguesía los ha oprimido en el pasado. Aun en este caso sería mejor permitir que el proletariado de la tierra que se separa se entienda a su manera con su propia burguesía, pues de otro modo esta última conservaría el poder de decir: «No soy yo quien os oprime, sino la gente de tal o cual país».
La clase obrera comprenderá rápidamente que la burguesía ha deseado la independencia para desollar por sí misma a su propio proletariado. Los trabajadores comprenderán además, rápidamente, que el proletariado del Estado soviético vecino desea la unión, no con el fin de explotar u oprimir a los trabajadores del país más pequeño, sino para que todos los trabajadores se unan en una lucha común por la liberación de la explotación y la opresión.
Aunque, por consiguiente, los comunistas son, por regla general, contrarios a la separación de una nación de otra, especialmente cuando los territorios en cuestión tienen estrechos lazos económicos, pueden, sin