Peor aún, cuando nos hallábamos en plena vorágine de la revolución, Kautsky no supo encontrar nada mejor que hacer que desatar la caza contra los bolcheviques. Olvidando las enseñanzas de Marx, persistió en una campaña contra la dictadura proletaria, el Terror, etc., ignorando que de este modo él mismo estaba colaborando con el Terror Blanco de la burguesía.
Sus propias esperanzas parecerían ser ahora las del pacifista corriente; quiere tribunales de arbitraje y cosas por el estilo.
Así ha llegado a parecerse a cualquier pacifista burgués que se quiera nombrar.
Aunque la postura de Kautsky está a la derecha del Centro, lo elegimos a él como ejemplo en lugar de a otro porque su teoría es típica de la perspectiva centrista.
La característica principal de la política centrista es la forma en que oscila entre la burguesía y el proletariado. El Centro se mantiene tambaleante sobre sus piernas; quiere conciliar lo irreconciliable; y en el momento crítico traiciona al proletariado.
Durante la revolución rusa de noviembre, el Centro Ruso (Martov y Cía.) vociferó contra el uso de la fuerza por parte de los bolcheviques; se esforzó por «reconciliar» a todo quisque, ayudando así en realidad a los Guardias Blancas y mermando la energía del proletariado en la hora de la lucha. Los mencheviques ni siquiera excluyeron de su partido a quienes habían actuado como espías y conspiradores al servicio de la casta militar.