Todos los Estados burgueses de Europa están ahora fuertemente endeudados con América. Los Estados Unidos son muy poderosos por la razón adicional de que poseen vastas cantidades de materias primas y combustible, y son un gran país productor de trigo. Desean utilizar estas ventajas de tal manera que todos sus compinches de rapiña dependan de ellos. Infaliblemente se convertirán en los líderes de la Sociedad de Naciones.
Muy interesante es la forma en que los Estados Unidos ocultan su política eminentemente depredadora tras una nube de bellas frases.
Cuando, en pos de la rapiña, entró en la guerra, sus consignas fueron «la salvación de la humanidad», «el rescate de los pueblos esclavizados», y así sucesivamente.
A los Estados Unidos les convenía que Europa estuviera desintegrada, que constara de decenas de pequeños países, formalmente «independientes» pero sustancialmente dependientes de América. Este interés depredador fue enmascarado por una frase exaltada relativa al «derecho de las naciones a la autodeterminación».
La gendarmería capitalista, la Guardia Blanca y la Policía Blanca, que, según el plan de Wilson, debían estar listas en todas partes para aplastar la revolución, existirían para garantizar el castigo a las «violaciones de la paz».
En el año 1919, todos los imperialistas se volvieron repentinamente pacifistas y levantaron un clamor en el sentido de que los bolcheviques eran los verdaderos imperialistas, los verdaderos enemigos de la paz. Los planes para sofocar la revolución se disimularon como celo por la paz y la democracia.