95. La organización teleológica de la vida económica.
La descomposición del capitalismo dejó como legado al proletariado, no solo una generalizada falta de medios de producción, sino también una confusión generalizada. Rusia estaba totalmente desintegrada; la conexión entre las diversas regiones del país había sido destruida; las comunicaciones entre un distrito industrial y otro se habían vuelto extraordinariamente difíciles. Como resultado de la revolución, los propietarios de las fábricas habían soltado las riendas de la administración y, al principio, en muchos lugares las fábricas se quedaron simplemente sin amo. Se produjo entonces una toma desistematizada de las empresas por parte de los trabajadores, que ya no podían esperar más. Una «nacionalización» local de este tipo había comenzado antes de la revolución de noviembre. Por supuesto, no se trataba realmente de una nacionalización, sino solo de la toma desorganizada de las empresas por parte de los obreros que habían trabajado en ellas; solo más tarde dicha toma se transformó en nacionalización. Aun después de la revolución de noviembre, la nacionalización se llevó a cabo al principio de manera azarosa. Manifiestamente, la necesidad primordial era nacionalizar las empresas más grandes y mejor equipadas; pero las cosas no siempre salieron así. La tendencia general fue nacionalizar aquellas empresas que los propietarios habían abandonado y que no podían quedar desatendidas. En muchos casos, sin embargo, las empresas fueron nacionalizadas porque sus dueños mostraban una hostilidad especial hacia los trabajadores. Era natural que en los días de la guerra civil hubiera una gran cantidad de empresas de este tipo; pero era igualmente natural que entre ellas no pocas estuvieran en mal estado y fueran prácticamente inviables.